LAS AFP Y LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL NO SABER

Una de las iniciativas que más polémica ha causado estos últimos días es la del retiro efectivo de los fondos de las AFP. Si bien la idea de subsidiar con 380 nuevos soles a familias vulnerables es loable, no termina de convencer a la mayoría de ciudadanos, ya que su ejecución ha presentado muchas irregularidades (algunas con sabor a corrupción) y ha sido criticada por propios y extraños. Entra el Congreso de la República que, en un nuevo esfuerzo por aliviar la presión social y económica de la población, habría aprobado el retiro de hasta el 25% de los fondos de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Esta iniciativa, por supuesto, está a la espera de la aprobación del Ejecutivo.

“Sí, la gente va a apostar el futuro de sus fondos de pensiones en una movida arriesgada, porque la situación lo amerita.”

Esta medida se tomó con la intención de ayudar a la ciudadanía a recuperarse del efecto negativo que la situación de emergencia ha provocado en el bolsillo de todos nosotros. Sin embargo, esta iniciativa no es tan popular para muchos. No inspira mucha confianza que el mismo congreso no esté convencido de la decisión que ha tomado, ya que considera que “no es el momento adecuado” para implementarla (según el señor Manuel Merino de Lama, presidente de dicha institución) y la CONFIEP, oh sorpresa, de plano rechaza la medida, aduciendo que esta va a ocasionar más problemas para la economía de los que va a resolver. La interrogante es ¿la economía de quién?

Obviamente, de las AFP ni hablar. Los argumentos varían, pero siempre rondan alrededor de la misma premisa: el retiro del 25% de los fondos no va a ayudar a quienes más lo necesitan, sino que causará un desbalance económico que se verá reflejado en millones de pérdidas para los aportadores. Eso suena (de forma preocupante) a amenaza. La pregunta, entonces, cae por su propio peso: ¿Para qué aportamos a las AFP, si no podemos disponer de nuestro dinero cuando más lo necesitamos?

…”La CONFIEP, oh sorpresa, de plano rechaza la medida, aduciendo que esta va a ocasionar más problemas para la economía de los que va a resolver. La interrogante es ¿la economía de quién?”…

Desafortunadamente, seguimos sin saber la respuesta. Y seguiremos sin saberla, hasta que el Ejecutivo nos diga, exactamente, cómo vamos a resolver este problema. Sí, la medida ya está sobre la mesa de negociaciones. Sí, la gente va a apostar el futuro de sus fondos de pensiones en una movida arriesgada, porque la situación lo amerita. Sí, nadie está seguro de cómo manejan las AFP nuestros fondos (aunque muchos dicen que sobrado podremos disfrutar de nuestras pensiones, si vivimos hasta los 110 años). Y sí, no tenemos muchas alternativas tampoco. Al fin y al cabo, una emergencia es una circunstancia de vida o muerte, y no es que se pueda vivir sin dinero, más aún en estos días tan aciagos.

Quiero creer, en tal caso, que la medida va a representar un beneficio en vez de un mal. Tengo la esperanza que las grandes empresas no verán esto como un ataque directo a sus cofres, y no actúen como si la ciudadanía o el gobierno estuvieran en su contra. En resumidas cuentas, si el peruano de a pie no tiene dinero para gastar, las empresas no van a poder salir adelante por su propia cuenta por mucho tiempo. La idea de que haya dinero fluyendo debería ser aplaudida por todos, ya que dinero moviéndose, es dinero que crece y dinero que (esperemos) se distribuya.

“… Muchos dicen que sobrado podremos disfrutar de nuestras pensiones, si vivimos hasta los 110 años…”

Dicho lo anterior, mi recomendación es la de retirar la cantidad que sea necesaria, y no más. La idea es pasar la ola que tenemos en frente, pero no derrochar lo poco que nos queda por temor a que no haya un mañana. No es el fin del mundo, y de peores situaciones hemos salido. Eso sí, voy a hacer una nota mental de guardar siempre un poco de dinero debajo del colchón. No será mucho, pero al menos voy a tener la certeza de saber que lo tengo ahí para cuando lo necesite, sin preocuparme por tener que hacer interminables colas y engorrosos trámites para acceder a él. Solo el tiempo nos dirá si tomamos la decisión correcta, o si tendremos que trabajar hasta los 85 años.

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